¿Cómo vencí la ansiedad de plantarme en la tarima? 😱 Es una historia larga y cursi. Pero así soy yo, ¿qué le vamos a hacer? Aquí les va la segunda parte:
Digamos que en España tuve 6 meses oscuros y 6 meses de luz. Y fueron 3 cosas las que me ayudaron a salir del lado oscuro:
- Hice amigos en el gym.
- Entré a estudiar técnico en fitness.
- Encontré trabajo.
La segunda probablemente fue la más importante.
Yo en la universidad estudié guiones para cine y televisión. Y hasta ahora, en mi vida laboral, lo que menos he hecho es escribir guiones. Sin embargo, siempre he buscado la forma de contar historias, o al menos estar cerca de ese proceso (aquí me encuentro tratando de contar la mía, pero puta madre que me embrollo).
Cuando estaba en 2do año de universidad comencé a trabajar en cine, como asistente de dirección. Era un trabajo intenso, pero corto. 3 semanas de preproducción, 3 semanas de rodaje y ya. — Aquí es donde ustedes se preguntan qué mierda tiene que ver todo esto con Powerlifting, pues les advertí que la historia era larga y que yo era bueno para darme vueltas raras (quizás eso no lo dije). El tema es que si no les cuento esto, no podré presumir de mi foto con Keanu Reeves. Así que basta de quejarse, volvamos a la historia. —
Mientras trabajaba como asistente de dirección, conocí a mucha gente bacán, personas que me han enseñado mucho sobre la vida. Pero también conocí a tipos tóxicos y abusadores.
De este tiempo guardo buenos recuerdos, como haber trabajado con Keanu Reeves…
Yo: Mr. Reeves, can I ask you something?
Keanu: Go ahead.
Yo: (sacando unos m&ms del bolsillo) The blue pill or the red pill, which do you prefer?
Keanu: Hahahaha, the red one, of course.
Yo: Take it!
(Esta parte nadie me la cree, pero sé que alguien lo grabó. Keanu golpeó mi mano izquierda para hacer volar la píldora roja, digo, el m&m. La agarró en el aire y se la comió. Yo estaba tan asombrado que me quedé mirando la escena como imbécil y no recuerdo qué dije, pero fue súper incómodo).
…Pero también recuerdo haber llegado a un momento en el cual el sedentarismo, el poco descanso, el alcohol y otras drogas me llevaron a estar en un estado físico deplorable. (En otra entrada les cuento sobre mi evolución estética entrenando).

En 2016, ya habiendo dejado de trabajar en cine, y después de una breve experiencia trabajando en TV como asistente de guion, me fui a vivir a España, porque mi polola (novia en chileno), que en realidad es mi esposa (y digo ‘es’, porque es mi ex, pero aún estamos casados), es de allí.
Parecía una buena idea ir a vivir al viejo continente, conocer a mis suegros, a mi cuñada, a los amigos de mi ex, todo un mundo nuevo para mí. Y en realidad, ¡era una muy buena idea! Pero mi cabeza no estaba del todo bien. Había trabajado y estudiado sin descanso alguno durante 6 años, y al llegar allá fue la primera vez que estaba desocupado, pero absolutamente desocupado.
En España, encontrar trabajo estaba difícil. Envié mi CV y mi reel a muchas productoras, pero de 10 correos, 1 respondía, y siempre la misma respuesta: “¡Qué buen currículum tienes! Pero no estamos buscando a nadie”.
Yo nunca había trabajado de mesero, pero allí estaba yo, recorriendo las calles de Barcelona, con un lote de hojas en la mano, tratando de encontrar trabajo para no sentirme un inútil y para poder salir de la casa de mis suegros. Pero sin experiencia nadie me recibiría. Hasta que encontré un pequeño gym de boxeo y pesas en el barrio de Gràcia.

Entré en él y comencé a mirar cómo la gente entrenaba. De pronto, un señor mayor se me acercó y me habló en catalán. Por aquel entonces jo no comprenia res de català, y respondí casi automáticamente: “venía a dejar un CV”. Justo después de decirlo me arrepentí. Yo no tenía experiencia trabajando en gimnasio, no había competido nunca y no había estudiado oficialmente nada relacionado. No podía llegar y decir: “Yo me he leído el powerexplosive completo y me he visto todos los videos de Tarrako”. No, no podía. Y mi CV hablaba de guiones, películas, teleseries y mierdas. Fue justo todo eso lo que el señor me preguntó, y al escuchar que todas mis respuestas eran “No”, puso una cara de “què collons véns a fer aquí llavors” (lo que en buen chileno vendría siendo “qué cresta vení a hacer acá entonces”). Estiré la mano para dejarle el CV y salí de allí avergonzado y casi corriendo, con ganas de llorar (ya, ya, ya, sí lloré, siempre lloro). Tenía pena, me sentía inútil y lo único que me motivaba por aquel entonces era el deporte.
Fue este episodio el que me motivó a estudiar fitness. Usé una jugosa devolución de impuestos que llegó en el mejor momento y me metí a estudiar: técnico en fitness y nutrición deportiva. No, no me convalidaron asignaturas por haber leído entradas de blog sobre entrenamiento, pero sí, era el alumno estrella gracias a David Marchante. Me convertí en algo así como Hermione Granger de las pesas.
¡Y puta que fui feliz, weón! Cada clase era genial, me encantaba lo teórico, lo práctico, la anatomía, la biomecánica. ¡Qué lindo es hacer lo que te gusta! Me costó mucho tiempo reconocerlo, pero mi carrera no me llenaba tanto como esto. Pero cuando la escogí no conocía este mundo; en 2009 yo pensaba que la sentadilla era lo peor que existía y no había escuchado sobre el peso muerto ni en pelea de perros.

En la escuela también hice buenos amigos, y cómo no, con lo simpático que soy (eso y porque les ayudaba a sacarse buenas notas). Y gracias a uno de esos amigos pude dejar mi trabajo en Tarragona (ah, mierda, no les conté esa parte. Resumen: encontré trabajo en Tarragona con un viejo catalán que organizaba eventos circenses, domadores de palomas, enanos y bailarinas rusas de pool dance. Era muy freak todo, me tocaba hacerle videos, fotos, audio en vivo y casi que me toca salir en el show. Pero no nos llevábamos bien. Así que en cuanto me salió otra oportunidad, me marché. FIN) y comenzar a trabajar en Nike, como vendedor. Otra cosa que nunca había hecho: vender. Pero increíblemente se me dio bacán, porque el ambiente era bueno, los productos tenían relación con el deporte, mis compañeros eran deportistas también y los horarios me permitían entrenar y estudiar.
Justamente era eso lo que me hacía feliz: aunque no ganaba mucha plata y mi trabajo tenía poco y nada que ver con lo que había estudiado, era la primera vez en mi vida que estaba haciendo algo para mí y para nadie más. No sé por qué tengo esa mala costumbre de hacer ‘lo que debo’ y terminar actuando un personaje y viviendo para los demás. No los llamo a ser egoístas del todo, pero, muchachos, cuando se trata de encontrar aquello que quieren hacer por el resto de la vida, NO ESCUCHEN A NADIE MÁS QUE A USTEDES. Habrá mucha gente que, con buenas o malas intenciones, intente convencerlos de estudiar o trabajar en algo. ¡Mándenlos a la mierda! Con respeto, eso sí. Persigan lo que les gusta, sean apasionados, porque será la mejor decisión que tomarán en sus vidas. No se engañen a ustedes mismos, no se traicionen. Yo ya lo he hecho y no paga. A la larga, hasta la plata no llega, pues a un frustrado y amargado no lo querrá contratar nadie. Hasta el viejo de los eventos circenses, siendo amargado y todo, era feliz haciendo sus eventos. Olvídense también de la plata; o sea, que no sea el principal factor para tomar la decisión. (Ya me veo explicándoles a sus mamás: no, señora, yo no le dije a su hijo que estudiara para PT, ese no era el mensaje).
Termino esta entrada citando una frase que me dijeron hace algunos días, cuando no me sentía muy bien. Un amigo que conocí en la época en la que trabajaba en cine me dijo: “Deja el trabajo, pero jamás, jamás dejes los sueños de lado. Hay que cuestionarse todo, menos los sueños”.
Recuerden pedir su besito por insta si llegaron hasta aquí, porque se lo merecen. Espero no tardar tanto en escribir la tercera parte.