¿Cómo vencí la ansiedad de plantarme en la tarima? 😱 Es una historia larga y cursi. Pero así soy yo, ¿qué le vamos a hacer? Aquí les va la primera parte:
Por aquel tiempo, mi relación con el powerlifting se basaba en una tabla de Excel en la que programaba mis entrenamientos y progresiones. Horas y horas de lectura en blogs (principalmente powerexplosive) y videos de YouTube (más adelante haré un post sobre canales que recomiendo). Y la sesión misma de entrenamiento en un gym comercial, en un pueblo cercano a Tarragona, en Catalunya, España.
Llevaba 6 meses viviendo en un país extranjero y prácticamente no había salido de casa. No había encontrado trabajo, tenía miedo y vergüenza de enfrentarme al idioma del lugar (catalán), tenía problemas con mi pareja y echaba de menos mi país. Me sentía inseguro en cada uno de los aspectos de la vida, realmente veía todo negro y estaba congelado sin saber cómo actuar.
Hoy sé que lo que me pasaba (y me pasa actualmente) es algo más grave que un simple bajón anímico, pero ya les contaré otro día sobre eso, hoy no me apetece.
Aún así no falté a ningún entreno. La rutina diaria era levantarme, hacer mis tortitas proteicas, tomarme un café. Todo esto viendo los videos de David Marchante, Carlos Demattey, Rodri Mora, Megsquats y otros youtubers. Para luego irme en bicicleta por carretera al gimnasio, que quedaba a 4 kilómetros. (Y hoy me baja la flojera por entrenar a LITERAL 2 metros de mi habitación).
Y así, día tras día, semana tras semana, de comer bien, de entrenar según lo programado, de no fallar. Y de seguir huyendo de los problemas de aquel entonces. Comencé a llamar la atención en el gym. “El chico que hace piernas todos los días”, “el que no suelta el rack de sentadilla”, “el que hace peso muerto”, “el que hace banca de forma muy extraña”, “el flaquito con fuerza”, “el chileno”. La gente me empezó a hablar. Me preguntaban cosas; a veces preguntas interesantes o curiosidad sobre lo que hacía, y otras tantas preguntas solo para llamar mi atención. Y pasó lo que nunca busqué, lo que más bien evitaba: hice amigos en el gym. Los más fuertes, las más entrenadas y motivadas, los que no iban a perder el tiempo, esos se me acercaron.

Y fue con estos nuevos amigos que comencé a progresar de una manera que antes no había conseguido. Mi motivación se elevó por mil y no hallaba la hora de llegar al gym a compartir y darlo todo. Fueron ellos los primeros en sugerirme que compitiera.
Decidí hacerme una cuenta de Instagram, solo para subir mis videos de entrenamiento, a modo de diario. El nombre de la cuenta: Powerbeards. Mezcla de powerlifting y mi gusto por manejar una barba bastante frondosa. No lo quise hacer en la cuenta que ya tenía porque aún me daba vergüenza mostrar ante mis conocidos mi nueva afición. Mi círculo de aquella época no había mostrado hasta el minuto mucho interés; por el contrario, me habían llamado ya un par de veces: “obsesionado”, “cabeza de músculo”, “superficial” o cosas así. Sin mala intención, supongo, pero no me ayudaba para nada.
Así que dije: «Si alguien quiere saber de esta parte de mi vida, que se acerque».
Para mi sorpresa, la gente también llegó por redes sociales. Y los encargados de un club de powerlifting me hablaron. Conversé con ellos, les conté esta inquietud por competir y me aceptaron en sus filas. De ese grupo rescaté un gran amigo, compañero de fierros y actual coach (Maik).
Lamentablemente, cuando quise formalizar mi inscripción, la organización de IPF en España no me permitió competir, pues las reglas decían que, como extranjero, debía tener 2 años de residencia en el país para poder competir. Yo recién iba a cumplir un año en el viejo continente. Recuerdo que me sentí decepcionado, pero no me frustré: llevaba dos años entrenando y no tenía ningún apuro por competir.
Con los chicos del gimnasio organizamos un mini campeonato, que era más bien una toma de marcas, pero lo disfrutamos como una competencia.
Noviembre del 2016. Los resultados de la primera toma de marcas de mi vida:
BW: 67 kg
Total: 445 kg
SQ: 135 kg
BP tng: 100 kg
DL: 210 kg
Después de esta experiencia, ya me sentía completamente recuperado. Tenía trabajo (a 2 horas de ida y vuelta de casa, pero ¡OYE!, trabajo al fin), estaba más estable, tenía objetivos y tenía amigos, ya no estaba solo.
Así comenzó la historia de Powerbeards. Siento que les he contado un dieciseisavo de la historia y que lo conté todo desordenado, pero ya me extendí mucho para ser una primera parte. Si llegaste hasta aquí, que sepas que te mereces un besito de mi parte, y si te gustó, me merezco que me lo digas, pues me costó bastante decidirme a contar esta historia.